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Diciembre 2006 El suicidio y la urgencia

Es el tema sobre el que versa el taller dirigido por José Guimón, médico psiquiatra de Avances Médicos, S.A. (AMSA) dentro de los cursos de formación de la Fundación de Estudios Sanitarios-Osasun Ikaskuntza Fundazioa.

EL DIEZ POR CIENTO DE LA POBLACIÓN TIENE IDEAS REPETIDAS DE SUICIDIO

  • La Organización Mundial de la salud (OMS) estima que 190 de cada 100.000 personas hacen al menos una tentativa de suicidio a lo largo de su vida; quince de ellas lo consuman.
  • El porcentaje de mujeres que lo intentan es superior al de los hombres. Sin embargo, éstos logran el objetivo con mayor frecuencia.
  • El riesgo de que se intente repetir un suicidio es elevado. Hasta un 40% de las personas que lo han intentado reinciden durante el siguiente mes.
  • Judíos y católicos tienen menos índice de suicidio que los protestantes
  • El 80% de los intentos de suicidio se realizan mediante el consumo de sustancias medicamentosas con el fin de hallar  la muerte por intoxicación.
  • Existen mitos falsos como el del “perro ladrador poco mordedor”. Quien anuncia que quiere suicidarse acabará intentándolo.
  • Los médicos de Atención primaria deben valorar factores de predicción  y establecer un contacto de empatía con el suicida que ingresa en urgencias 

“El suicidio es una eventualidad angustiosa y dura pero relativamente frecuente”. La frase corresponde a José Guimón, médico psiquiatra de Avances Médicos, S.A. (AMSA) y coordinador del curso de formación organizado por la Fundación de Estudios Sanitarios-Osasun Ikaskuntza Fundazioa bajo el lema “El suicidio y la urgencia”. Guimón asienta esta sentencia en datos sólidos, reales. “Hasta un diez por ciento de la población tiene ideas muy repetidas de suicidio. Esto significa que todos ellos lo intenten pero sí que la tendencia está ahí, latente. En realidad sólo una pequeña parte llega a la tentativa de suicidio”.

¿Pequeña? Quizás no tanto. Recuerda Guimón que “la OMS habla de una media de 190 tentativas de suicidio por cada 100.000 habitantes y de una consumación de 15 de ellos” aunque los números fluctúan. “Por ejemplo, en EE.UU. lo logran 12 de cada 100.000 mientras que en algunos países nórdicos esa consumación alcanza a los cien suicidas”.
 
El médico psiquiatra de Avances Médicos S.A. (AMSA) puntualiza que “las tentativas son más frecuentes en mujeres que en hombres, si bien es el género masculino quien tiene más “éxito” a la hora de consumar la acción”. La estadística aclara que la franja de edad de mujeres que va entre los 15 y los 24 años y de hombres entre los 25 y los 34 años recogen el mayor índice de primeros intentos”. La literatura científica recoge algunos otros datos de relevancia. “Por ejemplo, los judíos y los católicos intentan suicidarse menos que los protestantes. ¿Por qué? Quizás por una forma de ver la vida distinta debido a su cultura religiosa”.

Desde la consideración de que “la inmensa mayoría de quienes intentan suicidarse acaban siendo tratados en hospitales generales por médicos de Atención Primaria”, Guimón apunta una serie de parámetros que han de tenerse en cuenta para su tratamiento de urgencia. “En primer lugar, claro está, salvarle la vida al paciente. Curarle la herida, reanimarle, hacerle un lavado de estómago… ¡Lo que sea! Hay que considerar que el 80% de quienes intentan suicidarse escogen la vía de la intoxicación por medicamentos, quizás porque resulte la fórmula menos violenta de todas”.

Una vez estabilizado el paciente, “surge el debate sobre si ha de ser ingresado o no. Es una decisión que genera controversia porque en muchas ocasiones la familia o el propio paciente no quieren contemplar esta posibilidad. La realidad de los números, no obstante, la recomienda. Basta recordar que hasta un mes después de un intento de suicidio el riesgo de repetición es elevado, en torno al cuarenta por ciento”.

En el caso de que un paciente sea ingresado, el camino recomendado por José Guimón es “el tratamiento terapéutico de la ansiedad con ansiolíticos, el diálogo con el paciente con el fin de ganarse su confianza y hacerle hablar de sus problemas con franqueza, sin menosprecio de los mismos y sin exageración con el fin de alcanzar una empatía que le permita hacerle ver que la situación no es tan desesperada”.

Mitos falsos sobre el suicidio

Entiende José Guimón que la sociedad, “e incluso la propia comunidad de los médicos en ocasiones, maneja una serie de mitos falsos sobre el suicido. Se usa mucho la frase de “perro ladrador, poco mordedor” en referencia a quien anuncia de manera reiterada que se va a suicidar no lo intentará jamás. Eso es falso. Es más, quienes lo anuncian tanto lo acaban intentando siempre, tarde o temprano”.

No es el único punto a tener en cuenta. “Existen también la corriente que apunta a que algunos suicidas buscan llamar la atención, manipulan y manejan a su entorno para que éste les haga caso. Hay que tener mucho cuidado con estas cuestiones. Es cierto que en ocasiones puede darse algún episodio de este tipo, pero no lo es menos que también intentan suicidarse y que, en un porcentaje, lo consiguen”.

Un tercer mito a derribar es el que insinúa que “hablar directamente del suicidio es perjudicial para el paciente. Hay que preguntarle con franqueza y de manera abierta si se quiere suicidar o no, porque quienes dan respuesta afirmativa a estas pregunta tarde o temprano lo intentan”.
 
Por el contrario, la teoría de que algunas conductas suicidas son hereditarias no pertenece al mundo de los mitos sino de las realidades. “Existen algunas enfermedades depresivas y esquizofrénicas en las que se detectan niveles bajos de serotonina, una sustancia que está relacionada con las tendencias suicidas y cuya ausencia predispone al mismo. En el caso, sobre todo, del trastorno bipolar (enfermedad hereditaria), estos niveles bajos se acucian en la fase depresiva y eso hace que se hayan detectado cuadros de familias con numerosos antecedentes suicidas”.

Por todo ello, el psiquiatra de AMSA recomienda a los médicos de Atención Primaria “tener en cuenta una serie de factores de predicción que pueden servir de alerta para prevenir la repetición del intento. Así, una edad superior a los 48 años, el alcoholismo, cuadros irritables o de cólera, intentos de suicidio en épocas anteriores, depresiones largas y crónicas, antecedentes de hospitalización psiquiátrica, pérdida reciente de un familiar o un ser querido, padecimientos de enfermedades graves e irreversibles que anuncian dolor, desempleo o jubilación recientes o desgarros sentimentales son cuestiones que han de valorarse como posibles desencadenantes de un nuevo intento”.

La teoría de la muerte digna

Guimón maneja una teoría particular sobre hasta dónde ha de intervenir el médico ante una persona que se quiere suicidar. “Si un individuo no tiene trastorno psiquiátrico alguno y está sano mentalmente, el médico no ha de intentar convencerle de lo contrario al tratarse de una decisión personal, independientemente de la religión que profese casa uno. Existen algunos precedentes al respecto y en Suecia, por ejemplo, la legislación permite la proliferación de los pisos protegidos “Exit” en los que fomenta el derecho a una muerte digna. En España, Salvador Pániker ha fundado una Asociación Nacional para el Derecho a una Muerte Digna  con el fin de conseguir que las leyes estatales también contemplen esta posibilidad”.

“Otro caso”, puntualiza el psiquiatra, “es que se trate de un enfermo mental o de una persona hipocondríaca. Entonces la obligación del médico es la de corregir por todos los medios el desarreglo psiquiátrico porque, una vez controlado, la tendencia suicida desaparece”.

Otra de las cuestiones colaterales al suicidio afecta a “cómo tratar con los familiares de una persona que ha suicidado. A menudo arraigan en ellos sentimientos de depresión, ansiedad, culpabilidad o vergüenza (en ocasiones todos junto) que han de controlarse, haciéndoles ver que la decisión de un individuo no atañe a su personalidad”.